La piedra y el tiempo

La piedra y el tiempo

Hay momentos que no se anuncian. Se sienten.

Hay momentos en los que algo cambia.

No siempre es visible.
No siempre tiene nombre.

Pero se siente.

Como si una parte de ti comenzara a habitarse de otra manera.

Pietra nació en una transición personal.

No como estrategia.
No como negocio.

Sino como búsqueda.

Un momento en el que lo conocido dejó de sostener.
Y fue necesario escuchar más hondo.

Entre preguntas, pausas y silencios,
la piedra apareció como símbolo.
Como materia firme en medio del cambio.

Hay decisiones que se toman desde la mente.
Y otras que se toman desde el anhelo de transformación.

Pietra fue lo segundo.

Cada pieza comenzó siendo un gesto íntimo.
Un diálogo entre manos y materia.
Un intento de traducir lo invisible en forma.

Lo que empezó como tránsito,
se volvió propósito.

Con el paso del tiempo, algo cambió.

No la intención.
Sino la manera de sostenerla.

Más conectada.
Con su intuición.
Con su ritmo.
Con la mujer que crea y con la mujer que elige.

Entendiendo que una joya no es un objeto aislado.
Es un puente.

Entre procesos.
Entre etapas.
Entre lo que fuimos y lo que estamos aprendiendo a ser.

Las piedras no se apresuran.
No compiten.
No se explican.

Permanecen.

Quizás por eso acompañan tan bien los ciclos humanos.
Porque recuerdan que el tiempo no es enemigo.
Es escultor.

Se trata de reconocer.
La coherencia.
La fidelidad a una intención inicial.
La valentía de atravesar cambios sin perder la raíz.

Hay procesos que comienzan en silencio
y, sin darse cuenta, se convierten en camino.

Pietra es uno de ellos.

Si esta lectura resonó contigo,
quizás haya una pieza esperando acompañar tu propio ciclo.


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